Fue un practicante de la medicina tradicional que ejerció en la Villa de Luján a finales del siglo XVIII. Para el año 1779, se desempeñaba como curandero con la anuencia oficial del cabildo local, debido a que la población carecía de un médico examinado y titulado en ese momento. Su labor fue esencial para cubrir la demanda sanitaria de los vecinos hasta que en 1781 se estableció el cirujano Francisco Lozano del Castillo, primer profesional aprobado por el Real Protomedicato en la zona.
Trabajó como maestro mayor de carpintería en la Villa de Nuestra Señora de Luján a principios del siglo XIX. En julio de 1804, tuvo a su cargo la responsabilidad técnica y administrativa de la construcción del "nuevo puente" de la Villa, una obra de infraestructura estratégica para el tránsito del Camino Real.
Fue un distinguido vecino del pago de la Cañada de la Cruz, cuya vida pública estuvo ligada a la administración de justicia rural en las últimas décadas del periodo virreinal. Desempeñó el cargo de alcalde de la Santa Hermandad para dicho partido en tres ocasiones: en 1791, 1803 y 1805.
Fue un destacado vecino de San Antonio de Areco, perteneciente a una influyente red familiar de hacendados y funcionarios locales. En 1810, fue elegido por el Cabildo de Luján para desempeñarse como alcalde de la Santa Hermandad de Areco, continuando la tradición de servicio público de su padre, Felipe Antonio, y de su hermano Pedro. Su prestigio en el pago se mantuvo tras la Revolución de Mayo, figurando en 1815 como uno de los candidatos de la élite local para representar al partido en el Congreso de Tucumán. No debe confundirse con su homónimo contemporáneo, Francisco Mariano Martínez, quien fue alcalde ordinario de la Villa de Luján en 1814.
Considerado el primer sabio y naturalista argentino. En 1826 fue nombrado catedrático de Medicina Legal. Se desempeñó como médico de policía, cirujano militar y administrador de vacuna en la Villa de Luján, donde residió entre 1828 y 1849. Su labor científica en la villa incluyó investigaciones paleontológicas en el río Luján, destacando el hallazgo en 1845 de un felino extinto al que denominó Muñifelis bonaerensis. Es autor de los "Apuntes topográficos" (1847), obra pionera que vincula el clima con el estado mental de los habitantes.