Vecino y propietario de la Villa de Luján a comienzos del siglo XIX. Tras el fallecimiento de su hermano, el presbítero Gabriel José de Maqueda, actuó como su albacea y ejecutor testamentario. En agosto de 1802, participó formalmente en la entrega e inventario de los bienes de la Estancia de la Virgen de Luján al nuevo administrador, el cura Vicente Montes Carballo.
Presbítero y funcionario eclesiástico destacado de la Villa de Luján. Al igual que su hermano Felipe, era sobrino y heredero de la devoción del capellán Carlos José Bejarano. Ocupó los cargos de sacristán mayor, vicario y juez eclesiástico de la Parroquia de Nuestra Señora de Luján. En octubre de 1796, en ejercicio de su autoridad judicial, emitió un auto prohibiendo juegos y diversiones ruidosas (como el pato y las bochas) en las inmediaciones del Santuario para preservar el orden y la decencia durante las festividades religiosas. Se desempeñó como capellán en propiedad del Santuario hasta su fallecimiento, ocurrido en el año 1801.
Fue un vecino de relevancia en la Villa de Nuestra Señora de Luján a principios del siglo XIX. En el año 1804, se desempeñó como alguacil mayor del cabildo de la villa, integrando el cuerpo capitular que presidía el alcalde ordinario Manuel de la Riba.
Vecino, poblador de origen español y funcionario público. Hacia 1806 se encontraba radicado en el poblado de San Antonio de Areco, donde ejerció el cargo de Alcalde de la Hermandad en 1806, nombrado por el Cabildo de la Villa de Luján. Es considerado una figura fundacional en la historia de San Andrés de Giles. Colaboró estrechamente con el cura vicario de Areco, el padre Vicente Piñero, en la creación del oratorio del Niño Jesús y San José en el Pago de la Cañada de Giles. Fue designado como el primer sacristán que tuvo el poblado. En reconocimiento a sus servicios, el cura Piñero le donó en 1806 varias parcelas de terreno en el Pago de la Cañada de Giles. Asimismo, actuó como testigo clave en el otorgamiento de escrituras traslativas de dominio para otros pioneros que adquirieron tierras en el núcleo primitivo del pueblo
Fue un destacado vecino de San Antonio de Areco, perteneciente a una influyente red familiar de hacendados y funcionarios locales. En 1810, fue elegido por el Cabildo de Luján para desempeñarse como alcalde de la Santa Hermandad de Areco, continuando la tradición de servicio público de su padre, Felipe Antonio, y de su hermano Pedro. Su prestigio en el pago se mantuvo tras la Revolución de Mayo, figurando en 1815 como uno de los candidatos de la élite local para representar al partido en el Congreso de Tucumán. No debe confundirse con su homónimo contemporáneo, Francisco Mariano Martínez, quien fue alcalde ordinario de la Villa de Luján en 1814.
Hijo de Felipe Antonio Martínez y María Feliciana de Lima, pertenecientes a uno de los linajes de mayor arraigo y poder político en la jurisdicción de Luján y San Antonio de Areco.
En 1809, ejerció el cargo de alcalde de la Santa Hermandad para el partido de la Cañada de la Cruz, consolidando su posición como parte de la élite rural instruida que servía de nexo con el Cabildo de la Villa de Luján.
Fue un destacado hacendado, militar y funcionario público. Ejerció como alcalde de la Santa Hermandad en San Antonio de Areco en los años 1772, 1777 y 1796. En 1796 fue elegido alcalde ordinario del Cabildo de la Villa de Luján, cuerpo en el que también sirvió como regidor. Su carrera militar fue igualmente relevante, ostentando el rango de sargento mayor de milicias del partido de Areco entre 1785 y 1793. Además de sus cargos civiles y militares, mantuvo una estrecha relación con la Iglesia local como mayordomo de la parroquia de San Antonio.
Nacido en España hacia 1740 y posteriormente se radicó en Buenos Aires, Desarrolló una destacada carrera en la administración pública colonial, desempeñándose como juez oficial real del Tribunal de Cuentas y ministro tesorero de la Real Hacienda del virreinato del Río de la Plata por nombramiento del gobernador general Pedro de Cevallos. Contrajo matrimonio en 1764 con Victoriana de Cabrera Saavedra y tuvo varios hijos que tuvieron gran relevancia pública entre ellos, Pedro Medrano, abogado, diputado, jurisconsulto, legislador, magistrado y poeta nacido en 1769. Falleció en 1795 en Buenos Aires.